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El arte del cepillado
Procure cepillarse los dientes después de cada comida (desayuno, almuerzo y cena). No deje pasar más de quince minutos entre el final de la comida y el cepillado.
En caso de que sólo pueda limpiárselos una vez al día, hágalo antes de acostarse, ya que durante el sueño la producción de saliva y los movimientos linguales disminuyen, lo que favorece la formación de placa bacteriana si no se ha realizado una buena higiene dental.
Elija un cepillo de dientes con cabezal de punta redondeada y pequeño para llegar fácilmente a todos los dientes. Sus filamentos han de ser suaves y de puntas redondeadas para evitar lesiones en las encías. Cambie de cepillo cada dos meses.
Use dentífricos con flúor. Refuerzan la estructura del esmalte y reducen entre un 20% y 40% la posibilidad de que se formen caries.
Cepille las piezas en grupos de dos o tres. Asegúrese de que el cepillo llegue a todas las superficies dentarias. Para ello hágalo poco a poco y siguiendo un orden: empiece por los dientes de la mandíbula superior, y siga con los de la inferior. El tiempo calculado para realizar la limpieza de modo óptimo es de tres a cuatro minutos.
Lávese los dientes suavemente, y siempre partiendo de la encía, para no arrastrar la suciedad hacia ella. Recuerde que un cepillado demasiado vigoroso puede dañar sus dientes y encías, y provocar hipersensibilidad dental.
No se olvide de la limpieza de la lengua. En ella se acumulan gran cantidad de bacterias, por lo que su cuidado es necesario para mantener la salud bucal. Para limpiarla, frótela con suavidad hacia delante usando el cepillo de dientes o un limpiador lingual.
FUENTE: vivirmejor.es